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La Revolución francesa (II)

José Valentín

La Revolución exhibió uno de los más bellos trípticos ideológicos que ha conocido la Humanidad: “Libertad, Igualdad, Fraternidad”. Hoy, en verdad, podemos preguntarnos qué había –qué hay– detrás de las hermosas palabras.

La Revolución francesa

Nadie pretende negar la importancia de la libertad. Los antiguos concibieron al hombre sujeto a un destino o ley universal, en el que están igualmente incluidos todos los seres de la Naturaleza. Ello no descarta grandes posibilidades de actuación conforme al nivel de conciencia de cada uno. Tal es su libre albedrío y su responsabilidad, de que deberá luego rendir cuentas al orden o armonía universal. El problema surge cuando se proclama la libertad de acción antes de conquistar la libertad de conciencia. Así, la libertad desatada se convierte en el feroz monstruo del libertinaje de todos los colores. Es la ironía cruel del niño que maneja un arma atómica. Tiene el poder, pero la ignorancia lo tiene a él. Está perdido.

En Also spracht Zaratusthra, Nietzsche dijo: “¿Eres tú un derecho nuevo? ¿Un primer movimiento?  ¡Existen tantos grandes pensamientos que, como el fuelle, solo se inflan y ahuecan! ¿Tú te llamas libre? Yo quiero que me digas tu pensamiento cardinal, y no que has escapado de un yugo. ¿Eres tú alguien que tuviese el derecho de librarse de un yugo? Hay quienes pierden su valor último al librarse de su sujeción. ¿Libre de qué? Tu mirada debe anunciarme claramente: ¿libre para qué?”.

La libertad es un trago demasiado fuerte para algunos. Además, la verdadera libertad es metafísica. Nadie puede entregarla ni arrebatarla. Frente a esto, la libertad consagrada por la Revolución fue apenas una burla cruel. La libertad del terror. Jamás la intransigencia del tirano llegó tan lejos con aquellos que no pensaban como él.

La igualdad es tema mucho más espinoso porque puede ser directamente cuestionada. Decimos igualdad y nos dejamos besar, como bajo el embrujo de una palabra mágica. ¿Qué es la igualdad, dónde existe la igualdad, quién dijo que somos todos iguales? Terrible injusticia la del Creador si nos hubiese configurado iguales, idénticos y repetidos. Toda una exquisita e interminable gama de diferencias nos hacen maravillosa e irrepetiblemente diferentes. No existen dos astros iguales sobre el azul, no existen dos seres iguales sobre la Tierra. Solo así surge la música de labios del misterio. Pretender igualar al director de orquesta, el violín solista y la celesta es apenas un generoso sinsentido.

En su aplicación práctica, la única igualdad que consagró la Revolución fue la muerte. Tras el acero de Madame Guillotina, todos los hombres y mujeres fueron iguales despojos. Al menos, en el proceso que el ojo sigue.

¿Y la fraternidad, el más noble y hermoso de los principios? Ah, dulce paradoja; en ninguna otra época reinó con mayor furia el odio y la sinrazón entre los hombres. La verdadera fraternidad universal fue una preciosa palabra engarzada en las dentadas ruedas del odio. Marcado por el signo de Acuario, heraldo prematuro de la era astrológica, bañada por el violento e inesperado Uranos, limitada por Saturno destructor implacable, la Revolución devoró sus mejores sueños. “Libertad, Igualdad, Fraternidad”: la sonrisa de la mentira en el rostro del matador.

Se hace precisa una vuelta hacia la interioridad el hombre, y el cuidado constante de su jardín, la Tierra. Toda revolución que enmarque sus presupuestos ideológicos sobre las cadenas del odio enfrentará al ser humano con aquello que más teme: el arcano de la destrucción, el viejo gesto terrible de Shiva soplando sobre las cenizas de la Historia.

Hay una corriente de opinión encabezada por François Furet y Denis Richet, que apunta hacia horizontes fructíferos. Son un reflejo de la nueva intelectualidad francesa volcada ahora hacia el “revisionismo” histórico de este tema capital. Para Furet, “La Revolución francesa ha terminado”, y es tiempo de sopesar “la grandeza, pero también las profundas contradicciones del sistema democrático y sus problemas actuales”.

La revolución bajo los auspicios de la sacralidad

Es casi medianoche para Occidente. Ya se apagaron todos los soles: el sol de la Revolución, y el “sol de Austerlitz”, y el sol del Renacimiento, y el sol del Imperio romano y el de todos nuestros antepasados.

El culto solar se pierde inexorablemente y llega la noche, y el astro helado de Acuario desgrana ya desde las alturas.

Es tarde para cualquier revolución multitudinaria. Pasaron los sueños de nuestros mayores: ganaron o perdieron, qué importa ya. Es el tiempo de la helada noche.

Es tiempo de revolución interior. Jamás el invierno detuvo la marcha de la Historia y no lo hará tampoco hoy. Cuando la jornada solar concluye, los filósofos se reúnen alrededor de la hoguera. Algún día será el tiempo de la Gran Revolución, la revolución bajo los auspicios de la sacralidad, la re-evolución trascendente e histórica que ha de acercar al hombre a ese ignoto misterio que sus dudas dibujan sobre el firmamento. Si el mayor secreto de la Revolución no ha sido desvelado aún, es porque el mayor secreto humano no ha sido aún desvelado tampoco. El contacto del hombre con esa su sacralidad interior es el único elixir capaz de gestar la Nueva Revolución. Tal es la única magia. Lo demás es prestidigitación y farándula circense.

Algún día la Historia verá conciliarse revolución, libertad, tradición y renovación, como en toda verdadera creación natural. Algún día se reabrirán los milenarios oráculos, y los hombres descubrirán que existe entre ellos un profundo y misterioso vínculo de hermandad, y que hay algo grande en ese abrazo entre blancos y negros, musulmanes y judíos, “derechistas” e “izquierdistas”, hombres y mujeres, hijos de Apolo e hijos de Dionisos.

Bibliografía
La Revolución francesa. Albert Soboul. Ediciones Orbis.
Grandes misterios históricos del pasado. Mirabeau y el armario de hierro. Lucien Viéville. Editions Ferni. Círculo de Amigos de la Historia.
Grandes misterios históricos del pasado. Valm: ¿Auténtica batalla o acción amañada? Claude Couband. Editions Ferni. Círculo de Amigos de la Historia.
Historia universal de las sectas y sociedades secretas (I). Jean-Charles Pichon. Editorial Bruguera.
El enigmático Conde de Saint-Germain: Pierre Cerie & François Ethuin. Editorial Plaza & Janés.
Sinfonía en rojo mayor. José Landowsky.
El noventa y tres. Víctor Hugo. Ediciones Edaf.
Historia de la Revolución francesa. A. de Lamartine. Blibioteca Sopena.
Cuadros de la Revolución francesa. A. de Lamartine. Biblioteca Sopena.
Glosario teosófico. Helena P. Blavatsky. Editorial Kier.                                                         

Anexo
Para conocer algo más de la historia secreta de todo el momento histórico, tal vez convenga investigar en el Glosario teosófico de Helena P. Blavatsky, fundamentalmente en lo concerniente a tres personalidades: Saint-Germain (pág. 678 y ss.), Cagliostro (pág. 111) y Mesmer (pág. 429). Este último cierra el enigmático triángulo. Me remito a la 4ª edición, Ed. Kier, S.A., Buenos Aires, 1977.

Resulta curioso seguir la historia de Toussaint Louverture, un esclavo haitiano que se levantó en armas por la independencia, derrotando a franceses, ingleses y españoles, hasta que finalmente Bonaparte le reconoció el grado de general de su ejército y le confirió la regencia de la isla. Entonces Louverture ejerció un poder absoluto y creó una Constitución por la cual se nombraba presidente vitalicio con derecho a designar sucesor. Finalmente, los franceses enviaron contra él a Leclerq, quien le confinó en el castillo de Joux, donde falleció tiempo después. Llegó a ser conocido como el “Napoleón de Haití”; Víctor Hugo, en su novela Bug-Jargal, nos ha legado una breve descripción suya, en la campaña de la agitada Santo Domingo.

Los amantes de la literatura podemos seguir la otra historia de la Revolución francesa, la que jamás llegó a triunfar, esa otra aureolada por el nimbo de la gloria ficticia que dignifica cuanto toca. Al calor de la hoguera y tras las páginas de Hugo, Musset, Lamartine, Vigny, Balzac o Stendhal, desfilan, enfatizados por un brillo heroico, los personajes centrales de un sueño hecho trizas sobre sí mismo.

Los vericuetos y desventuras de la masonería posterior a la Revolución pueden igualmente seguirse a lo largo de muchas y variadas obras. Un episodio interesante, inserto en el Glosario teosófico, lo constituye el caso de un distinguido escritor y simbologista belga llamado Ragon (id. Pág. 628). Con él se pierde probablemente el último aliento mistérico que dará paso a la escalada política desde la oscuridad.

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